Centro Cultural Elena Garro, los claroscuros de un espacio

A más de un año de su apertura acumula señalamientos que lo evidencian como una obra inacabada más del sexenio pasado.

CIUDAD DE MEXICO —

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) estimó que el Centro Cultural Elena Garro (CCEG) sería la tienda ‘ancla’ de Educal. Según su Libro Blanco, convertido en “espacio de reflexión de ideas y pensamientos”, la “vida comunitaria” giraría alrededor de los libros. Entonces sería un lugar bien acogido por los vecinos del Barrio de la Conchita, pero no fue así.

Ubicado en la calle Fernández Leal 43, en una casona del siglo XX, el CCEG abrió sus puertas en octubre de 2012 con la idea de convertirse en un espacio cultural con una oferta artística y una librería con especialidad en estudios de género, la más importante que tendría América Latina, pero hasta ahora es una librería de barrio más, que se cuenta entre las seis decenas con residencia en Coyoacán, DF.

Inicialmente, los arquitectos Fernanda Canales, Saidée Springall y José Castillo, estos dos últimos de Arquitectura 911sc, pensaron el Centro como un diálogo de “lo viejo con lo nuevo”. El proyecto arquitectónico partió de la idea de “destacar la casona existente y hacer de la librería un espacio ‘abierto’”, se lee en la descripción del sitio web del despacho.

Pese al plan arquitectónico, el comité de vecinos del Barrio de la Conchita, en voz de Jorge Martínez Stack, rechazó la edificación argumentando que no contaba con el permiso respectivo de uso de suelo de la Secretaría de Desarrollo Urbano yVivienda del Distrito Federal (Seduvi). Arengaron que se potenciarían los problemas urbanos y que no había necesidad de un centro de ese tipo en la zona, pues Coyoacán ya tiene 59 librerías, 21 museos, 24 teatros, 15 centros culturales, siete galerías, 20 bibliotecas y 15 universidades.

                        

Cortesía Arquitectura911SC

El sitio electrónico ArchDaily lo nombró en abril su ‘Obra del año’ y destacó de éste “el deseo de formar parte del barrio”. Sin embargo, el comité de vecinos no ha cambiado su postura hasta hoy.

La construcción del CCEG dio inició en 2010. Fue suspendida a principios de 2011. El caso se resolvió en los tribunales. El magistrado Arturo César Morales Ramírez falló a favor de Conaculta, por lo que después de varias interrupciones
prosiguieron las obras de construcción.

Hoy el CCEG, una construcción de 1,358 m2, alberga más de 20,000 títulos y 180,000 vólumenes. A un año y medio de ser inaugurado por el entonces presidente Felipe Calderón y la responsable de Conaculta, Consuelo Sáizar, con la compañía de los escritores Elena Poniatowska y Alberto Ruy Sánchez, suma algunas malas notas: estacionamiento y elevador que nunca han funcionado, lo mismo que las fuentes para ambientar los jardines, y la inaccesibilidad del primer nivel y los jardínes.

Tampoco tiene la afluencia que justificó su creación, calculada en al menos 700 personas al día. “Apenas supera los 60; estimaban la venta de más de 3.3 millones de pesos (mdp) mensuales en libros, pero la cifra tardaron en alcanzarla casi nueve meses”, según el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI , El Universal, febrero 17, 2014).

No sólo eso, según un comunicado emitido por el propio Conaculta, la obra tuvo un sobrecosto, al pasar de 55 a 187 mdp
y requirió el doble de tiempo para ser concluida, al pasar de dos a cuatro años.

Cortesía Arquitectura911SC

Los desencuentros

Según consta en el Libro Blanco del CCEG, el proyecto contaba con todos los permisos de las autoridades delegacionales, del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y con el respaldo vecinal para intervenir la vieja casona. Ante esa afirmación, Jorge Martínez Stack, representante vecinal, dice a Obras: “Desde sus inicios (la obra del CCEG) ha estado plagada de irregularidades”.

No contaba con permiso de uso de suelo por la Seduvi, el presupuesto y los tiempos de la obra se excedieron, además es innecesaria porque a 200 m, en el Museo de Culturas Populares, se encuentra una librería Educal, “¿por qué no le invirtieron dinero ahí?”, cuestiona.

Acusa a los diferentes niveles de gobierno de hacer ‘cochupos’ para erigir la obra. El INBA y el INAH dieron agilidad a los permisos que a otros predios se les ha negado.

El representante vecinal critica que se hayan hecho estudios de impacto urbano y ambiental, pero que no se vea reflejado en el entorno, en arreglar el parque, hacer la calle peatonal, darle una nueva cara al centro histórico de la zona.

Sobre la obra no considera que aporte algo nuevo al paisaje urbano de Coyoacán. A su parecer sólo dejaron el cascarón de la vieja casona. Y acusa que se contrató a una empresa de relaciones públicas para aminorar los comentarios y las notas negativas.

Conaculta pagó a Guerra Castellanos más de 2.4 mdp para realizar “el análisis y el diagnóstico de la problemática que enfrentaba el Conaculta respecto a la construcción del Centro Cultural Elena Garro, para determinar los
escenarios posibles y sugerir las acciones a realizar para dar solución a la misma”, lo que quedó asentado en el convenio CNCA/DGA/PS/01254/11, del 1 de marzo de 2011.

Cortesía Arquitectura911SC

Jorge Martínez expresa: “No nos oponemos a un centro cultural, nos oponemos a que sea la autoridad la que viole la ley”. Ante esa postura, los arquitectos Saidée Springall y José Castillo estiman que lo importante “es fortalecer una cultura del proyecto público y de la rendición de cuentas”.

Aseguran que cumplieron con los máximos que impone el INBA. “Se reestructuró con elementos mecánicos, preservando el mismo carácter en términos de niveles, alturas y espacialidad, pero todo lo que son muros perimetrales de la casa, elementos como escaleras, ventanas, se conservaron; y se adecuaron algunas para modernizarlo”.

Los arquitectos cuentan que se reunieron varias veces con los vecinos para hacerles saber el beneficio de la obra.

Cortesía Arquitectura911SC

Castillo entiende como legítima la oposición de los vecinos y asegura: “Se actuó conforme a la ley, si no nosotros hubiéramos sido los primeros en decir al Conaculta que no era la mejor manera de hacerlo. Hicimos todo con diligencia absoluta”.

Sobre el costo final, Fernanda Canales dice desconocerlo, porque le compete al constructor. Y sobre la falta de funcionamiento del elevador y el estacionamiento expresó que “esos temas tienen que ver con la constructora, no con el proyecto arquitectónico, pero se trata en todo caso de situaciones ya resueltas”. Pero en una visita se corroboró que siguen sin dar servicio.

De los jardines, el paisajista Tonatiuh Martínez dice que las autoridades “no llevaron una buena secuencia sobre el cuidado y el manejo de la vegetación de los primeros estadios de adaptación de la vegetación”.

Hugo Sánchez, también paisajista, argumenta: “Contábamos que aun cuando las fuentes no tuvieran agua serían elementos que no dependerían de ella… Sabíamos que era una alta probabilidad que no fueran a jalar”.

El arquitecto Lucio Muniain, maestro en desarrollo urbano, considera que el proyecto del CCEG “es bueno”, y atribuye las fallas a las “deficiencias de la administración”: la culpa sería de los arquitectos si hubieran diseñado pésimos jardines o un estacionamiento donde no cupieran los coches.

Cortesía Arquitectura911S